
Angélique de Iturbide proviene de una familia acomodada de la Ciudad de México y ha construido su identidad a partir de una trayectoria tan errática como elocuente: pasó por derecho, economía, medicina e incluso arquitectura, sin encontrar en ninguna de esas disciplinas una vocación duradera. Finalmente hizo del universo youtuber su territorio natural, un espacio donde su dispersión se volvió estilo, su opinión se volvió marca y su fascinación por la imagen encontró una forma de rendimiento cotidiano. Entusiasta de la moda, devota de los poodle, consumidora aplicada de dulces y observadora minuciosa de la música pop, ha convertido esos intereses en una sensibilidad reconocible, entre lo frívolo y lo agudamente cultural. De todas sus búsquedas, quizá la única asumida con verdadera constancia ha sido su estudio del pop y el cuidado casi ritual de su chicle favorito, siempre al día en sabor, textura y duración.











