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Jorge Gamarra
Argentina

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1939. Ha participado en más de 200 exposiciones colectivas y simposios en galerías y museos de la Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Brasil, Colombia, El Salvador, Ecuador, República Dominicana, Estados Unidos, Canadá, México, Italia, Francia, Japón y China.

Desde 2009 es miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes.

EXPOSICIONES (Selección):

2010 Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, Argentina.

          ILAFA 51, Buenos Aires, Argentina.

2008 Galería Rubbers, Buenos Aires, Argentina.

2007 Museo Nacional de Bellas Artes, Neuquén, Argentina.

2005 Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Argentina.

2001 “Ciudad Universitaria FADU”. Universidad de Buenos Aires, Argentina.

1994 Galería Zurbarán, Buenos Aires, Argentina.

1992 “Ary Brizzi-Jorge Gamarra, The Universe”, Buenos Aires, Argentina.

1988 Galería Miró, Asunción, Paraguay.

1985 “Luis Wells-Jorge Gamarra”, Galería Vea, Buenos Aires, Argentina.

1978 Museo Municipal Artes Plásticas Dámaso Arce, Olavarría, Buenos Aires, Argentina.

1977 Galería Amerigraphic International, Roma, Italia.

1997 “Aldo Sessa-Jorge Gamarra”, Galería Interior Forma, Buenos Aires, Argentina.

1974 Galería Arte Aplicada, San Pablo, Brasil.

.PREMIOS (Selección):

2005 Primer premio “OSDE a las Artes”, Fundación OSDE, Buenos Aires, Argentina.

2000 Primer premio del Salón Municipal Manuel Belgrano, Buenos Aires, Argentina.

2000 Galardonado con el Arlequín de Oro al Mejor Artista del Año por la Fundación Pettoruti.

1999 Primer premio de Escultura. Primer Concurso de Escultura de San Martín de los                     Andes.

1998 Seleccionado para la “9th Trienal International Contemporany Art Competition”. Osaka,           Japón.

1996 Gran Premio de Honor. Presidente de la Nación Argentina en el Salón Nacional,                       Argentina.

1991 Primer premio. Concurso Internacional de Escultura en Madera, Resistencia, Chaco,               Argentina.

1991 Primer premio. Segundo Concurso Internacional, Museo de Arte Moderno de Toluca,             México.

1976 Primer premio. Primera Bienal de Escultura “Agustín Riganelli” Academia Nacional de             Bellas Artes, Argentina.

Pasado, presente y futuro de la piedra

Por: María José Herrera

“...ante una imagen tenemos humildemente que reconocer lo siguiente: que probablemente ella nos sobrevivirá, que ante ella somos el elemento frágil, el elemento de paso, y que ante nosotros ella es el elemento del futuro, el elemento de la duración. La imagen a menudo tiene más de memoria y más del porvenir que el ser que la mira.”

George Didi-Huberman, Ante el tiempo

La escultura tiene una doble prioridad.Por una parte, la de ser un presencia en el espacio real existente y, por otra, la de ser la representación de un espacio.Es así porque, como una de las artes más antiguas, está atada a todo tipo de simbolismos antes de siquiera tener una imagen que comúnmente llamaríamos “figurativa”.Menhires, cavernas, círculos de piedra, montículos precursores de pirámides, hendiduras en la ladera de una montaña, son objetos que señalan y representan un espacio que integra la acción del hombre con la naturaleza.La escultura anticipa a la arquitectura si pensamos en tres piedras ( el sistema trilítico), pulidas o no, fuera de su ubicación original, como en los dólmenes, son suficientes para considerar la existencia de una construcción habitable.Habitada por hombres o por dioses, las piedras guardas los secreteos de los tiempos, los concentran.

 

Estos parecen haber sido los comienzos de la escultura, en la prehistoria cuando arte, religión y vida cotidiana no eran esferas separadas.Animales, vegetales y aún lo no animado, la piedra, tenía espíritu - una esencia invisible aunque no imperceptible- para aquel primero hombre tratando de entender el mundo. De estas creencias nacen los amuletos y talismanes, objetos naturales o culturales que transfieren su energía pósito y ayudan a quien lo porta. El shaman, el druida, el oficiarte, hombre sabio y poderoso veía más allá de las apariencias físicas, predecía y leía como ningún otro los signos con los que la naturaleza expresa sus ciclos y catástrofes.

 

Desde la antropología del arte se ha comparado el artista con un shaman, lo que explica en parte de la persistencia de ciertas búsquedas artísticas desde épocas ancestrales.Por su parte, la psicología profunda, creada por Carl G. Jung, habla de su bagaje Colin de imágenes de la humanidad, más allá de las culturas, el llamado “inconsciente colectivo”. de sus profundidades afloran los a arquetipos, imágenes primordiales que no son reflejo decusesos físicos sino productos propios de la psiquis.Jung las explica como proyecciones de contenidos inconscientes que el sujeto transfiere al objeto y pasan a ser parte de él.Surgen en los sueños y en el arte ese caudal de arquetipos ancestrales tales como el ánima ( lo femenino en el hombre), la sombra ( el lado oscuro de cada personalidad) y , el más importante, el arquetipo del sí-mismo, que es el de la integridad espiritual del individuo, la unión de sus opuestos. Este arquetipo generalmente se representa por medios de círculos ( los extremos que se tocan), de símbolos cuaternarios que aluden a los elementos (tierra, agua, aire y fuego), y las piedras.

 

Luego de inaugurar su vida de escultor con la madera, pasar por un largo periodo de tallar acrílico, aventurarse con los metales, y retomar los leños más duros, Jorge GAmarra, hacia el comiendo de los 2000, se dedicó a investigar las piedra.

 

En realidad, ya en 1970 en el misterio de las piedras había capturado su mirada.Un guijarro que encontró en el río, pulido año tras años por la acción del agua fluyendo, dio origen a una serie que abordaría tiempo después, la de los “fósiles”. Gamarra encerró a la piedra en un nicho de madera exacta para su forma que, cuál joya, las achine en su belleza escultórica.Para numerosas culturas, inclusiva actuales, las piedras son objeto de adoración y admiración, por la dureza y cohesión de su materia representan la fuerza y la unidad.Son lo contrario de lo biológico, sometido a la decrepitud y la muerte.

El interés por los orígenes, en 1972 se extendió no solo a los de la escultura como práctica, sino a los de la organización del trabajo y la vida social.Gamarra fue invitado, junto a Víctor Grippo, a participar de la exposición Arte e ideología, que el Centro de Arte y Comunicación (CAYC) organizaba en la Plaza Roberto Arlt en el micro centro de Buenos Aires. Construcción de un horno popular para hacer pan, 1972, los unió en la idea de la confluencia perfecta entre forma y función.El horno, construido por dos trabajadores rurales a la vista de los transeúnte, apeló a la analogía entre la creación artística y los relatos cosmogónicos donde todo comienza

 

 con el lodo que la mano de un Dios modela para dar vida a sus criaturas pero también ponían en valor los saberes hoy populares, siempre ancestrales, que el hombre utilizó para sobrevivir.

 

En 1973, Gamarra sostenía que su imagen se nutría de: “Formas simples, organizas o similares a primitivas realizaciones humanas.El tratamiento de la superficie siempre equilibrado con las forma. Sensualidad controlada. Formas tendientes a la esfera perfecta.Formas restantes de la esfera perfecta.Oposición - equilibrio : material tecnológico formas derivadas de lo vivo.”

 

Con varias reformulaciones a través de las décadas, al artista no se ha apartado de estas ideas que hoy desarrolla en sus piedras de alto contenido simbólico.

 

Como señaló Lucy Lippard, la relación del arte contemporáneo con la la Prehistoria se basa en “ un intento de recuperar la función del arte mirando hacia tiempos te espacios donde es inseparable de la vida”, cuando aún conservaba intacta su función y significación social.

Los fósiles de hachas, tronzadores y cinceles son ficciones en las que el artista propone la existencia de huellas de antiguas producciones humanas, sus herramientas.Gamarra construye, inventa las improntas del homo faber el hombre capa de crear herramientas para hacer herramientas.Representan tanto un homenaje a la buena forma como un tributo al trabajo y su sentido social.

 

En la piedra, la referencia arquitectónica está presente en arcos,pórticos, faros, entre otros, que aluden a construcciones actuales o antiguas.Interesado por la luz, el artista aprovecha al máximo las cualidades que la “ piel” de la piedra puede asumir.El granito es negro cuando su superficie ha sido minuciosamente pulida; naturalmente es gris, y la escala de gris se logra por la profundidad y proximidad de los toques del cincel. además del trabajo específico sobre el volumen, Gamarra dibuja sobre la piedra, explora y explora el plano, obtiene texturas lumínicas jugando con la oposición entre brillo y opacidad.

Ricardo Martín-Crosa definió las formas mínimas de Gamarra como: “obstinadamente calladas, silenciosas y, por esta condición, como enriquecedoras experiencias de contemplación”.El crítico señaló que la madera - y más tarde la piedra- es la que recibe el “acontecimiento “, la forma, el “acto de conciencia” que el escultor le imprime transmutándola”

 

Desde comienzos de los 2000, Gamarra viaja todos los años para visitar a parte su familia vive en Chile.Son miles de kilómetros en que trepa los cerros del noroeste, allana los desiertos,como en una “road movie” en la que la monotonía del manejo lleva a la contemplación del paisaje. paisajes de soledad y extremos que, aún así, sabemos fueron donde nació la cultura entre los primeros hombres que poblaron nuestro territorio.Despojado, adusto y denso, el desierto se ofrece como un sugerente escenario donde las imágenes surjen para encarnan luego en las piedras que, año a año, fueron asimiento un tono cada vez más simbólico.

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Entrevista a Jorge Gamarra

Por: Guillermo Mac Lean

GM: ¿Cuál fue el inicio de tu vocación artística? ¿Qué tipo de formación tuviste?

JG: Soy autodidacta. De chico quise seguir Bellas Artes, pero no pude. Uno de mis primeros contactos con la plástica fue a través de Jorge Tapia, de quien era amigo en la adolescencia. Él sí estudiaba Bellas Artes y por las tardes yo lo acompañaba mientras hacía los deberes, cebaba mate mientras él pintaba. Eso despertó mi interés y me hubiera gustado estudiarlo, pero mi padre no estaba de acuerdo, le preocupaba que no fuera algo redituable. Terminé en un colegio industrial que me sirvió mucho en lo que respecta a los oficios, el dibujo y el manejo de las manos.

En cuanto al comienzo de la escultura en mi vida… no venía con un bagaje de conocimientos sobre la historia del arte y los escultores modernos, solo aquellos del Renacimiento y algunos contemporáneos como el caso de Henry Moore. Pero sí recuerdo que me movía un gran placer en lo que aparecía en los materiales que trabajaba, las formas, las texturas. De ese modo fui recorriendo mi historia, mi iniciación como escultor, aprendiendo sobre la marcha en el camino de la prueba y el error.

GM: ¿Y esta enorme capacidad que tenés para lo manual, de dónde viene?

JG: Bueno, tuve un abuelo ebanista al que jamás vi trabajar. Sé que hacía ruedas de carro que son muy difíciles de realizar por el peso de la masa central y los rayos que la sustentan. Él tenía un almacén de ramos generales en una zona de Tigre que ahora es bastante nombrada: Villa La Ñata, Canal Villanueva. Por el otro lado de la familia, mi papá era bastante hábil, realizaba sus propios muebles, entre otras diversas actividades artesanales.

GM: ¿Vos también fabricaste tus propios juguetes?

JG: Sí, a veces, y me resultaba bastante entretenido.

GM: Hablaste de tu proceso de trabajo como un “descubrir” de lo que el material es capaz de dar. ¿Qué materiales te resultan más inspiradores, o lo fueron a lo largo de tu carrera?

JG: Estuve intentando varios materiales, pasé por el vidrio, por el acrílico, por la madera, el bronce. Hoy en día, sigo con la madera, y desde los 2000 me lancé a la piedra. Trabajo también el acero… Uno necesita entender los materiales y de ahí en más, quererlos y seguir adelante.

GM: ¿Cómo se dieron esos cambios? ¿Es una cuestión emocional? ¿Tiene que ver con el humor o con las formas que buscas alcanzar?

JG: Es todo eso junto. Uno siempre está pergeñando y buscando distintas posibilidades para su obra. Muchas veces surge de las formas que uno quiere alcanzar. Cuando empecé, trabajaba con maderas que no eran óptimas, porque las comprobaba donde podía. Pero entonces no lograba las formas puras que yo buscaba, porque se agrietaban. Ahí fue cuando empecé a buscar nuevos materiales y encontré el acrílico.

Esto no sólo sucede con los materiales, sino también con las herramientas, máquinas o “dispositivos” para hacerlas. Verás que mi taller está bastante surtido de todas esas diferentes cosas de las cuales estamos conversando.

GM: Con un cuerpo de obra tan enfocado en el trabajo manual

y en el concepto de herramienta en sí mismo, tu taller debe ser una parte clave del proceso creativo.

JG: Sí, lo es. Tengo el mismo desde el año 1981, anteriormente tuve cuatro talleres que venía alquilando y de los que me venían echando [ríe]. Y bueno, recalé en este que compré entonces y de aquí no me moveré. ¡Sería fatal la mudanza de tanta cosa acumulada a través de los años!

Era una carnicería, yo lo refaccioné, le abrí una cúpula en el techo y en la fachada unas ventanas antiguas que compré en demolición. Esto y el color ladrillo de la pintura le dieron un toque colonial que me gustó.

GM: ¿Cuál fue tu primera obra?

JG: Aparece en los catálogos de mis retrospectivas en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, primero, y luego en el de Neuquén. La expongo ahora también en el MAT. Es una obra pequeña y esférica de madera, de 25 cm de diámetro que hice en el año 65. La tengo en casa y es la única de mis esculturas que me acompaña allí. Se llama De los pétalos.

Fue además la primera obra con la que participé de un Salón. Yo no era muy consciente del circuito de premios, recién estaba empezando. Pero la presenté al Salón Manuel Belgrano y me la aceptaron.

GM: ¿Cómo iniciás el proceso de una obra? ¿Haces bocetos, maquetas?

JG: Hago maquetas de todas las obras, siempre. Trato de preservarlas ya que me gustaría algún día mostrarlas todas juntas, que se vean los eslabones y cómo se van uniendo a través del tiempo.

Por otro lado, el material llama… A veces pasan años y no escuchas ningún canto de sirena. Pero un día sí, el canto se escucha bien claro y nítido y arrancás para materializar la obra.

GM: ¿A quién considerás referente en la Historia del Arte?

JG: A Brancusi, siempre Brancusi. Porque fue un creador-inventor incansable, un “eliminador de detalles”, su obra condujo a la abstracción dejando de lado el realismo escultórico del siglo XIX. Además, ¡tallista! Pensá solamente que hasta que él surgió se venía modelando y haciendo figuración. Es a partir de él y su revalorización de la madera que retomó la técnica de “quitar”, de tallar. La síntesis fue el modo de diseñar sus esculturas y así alcanzó el mérito mayor: la incorporación de la abstracción en la escultura.

GM: ¿Y en el arte argentino?

JG: Aldo Paparella, Enio Iommi y su hermano Claudio Girola. Lo de Víctor Grippo me parecía buenísimo, fuimos muy amigos. También Alberto Heredia y Kósice con sus obras relacionadas con el agua. Las obras de todos ellos me ayudaron a encontrar mi propio camino como escultor cuando comencé. Lo que veía por la ciudad era sólo escultura figurativa en cemento, lo cual me aburría muchísimo, no me gustaba. Y un día pasé por el Di Tella y vi una muestra que nucleaba a todos ellos. Lommi, Girola, Paparella, Libero Badii. Eso me dio vuelta la cabeza. Sentí que la escultura pasaba por otro lado. Poco después vi la muestra Nuevos materiales, nuevas técnicas, nuevas expresiones, en el Museo Nacional en 1968, en la que había desde arte generativo hasta constructivo, con un foco muy importante en la geometría, pero también en los distintos materiales y en las nuevas industrias que hacían posible la aparición de estos materiales. Para mí, que estaba interesado en los oficios y el trabajo de la materia esto fue muy revelador.

GM: ¿Cómo te ves hoy como escultor?

JG: Bueno, siempre buscando, pero ya con ciertas cosas que encontré y me ayudan a pensar más concentrado. Creo que la claridad con la que hoy “veo” y proyecto cada obra se enfatizó a través de mi trabajo con la piedra… que ya lleva más de diez años.

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De la República 26, Tabacalera, Cuauhtémoc, 06030, CDMX
+52(55)51403000 Ext. 26201

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