Artistas

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Alfredo Zalce
Escultura y Pintura
México

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Alfredo Zalce Torres nació en PátzcuaroMichoacán el 12 de enero de 1908.

Sus padres, Ramón Zalce y María Torres Sandoval, fueron fotógrafos de profesión.

Estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de 1924 a 1927, bajo la guía de Mateo Saldaña, tanto en la de escultura como en la talla directa. Fue asimismo alumno de Diego Rivera.

En 1930 recibió el encargo de fundar la Escuela de Pintura de Tabasco. En ese año junto con Isabel Villaseñor ejecutó un fresco al exterior de una escuela primaria de AyotlaEstado de México. Fundador de una escuela de pintura en Taxco, en 1932 presentó su primera exposición en la Galería José Guadalupe Posada y pintó frescos en la escuela para mujeres, en la calle Cuba de la Ciudad de México. Enseñó dibujo en las primarias de la Secretaría de Educación (1932-1935) y se incorporó a las misiones culturales de 1936 a 1940); fue miembro fundador de la LEAR (Liga de Escritores Artistas Revolucionarios) y del Taller de Gráfica Popular.

Fue también profesor en la escuela de La Esmeralda y en la Academia de San Carlos en 1944. Ganador del premio del Salón de la Plástica Mexicana en 1978. Fue ganador del y Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes en 2001.1​ Uno de sus alumnos más destacados es el pintor y escultor Juan Torres Calderón, quien le ayudó en la realización de uno de los murales del Palacio de Gobierno de Michoacán, en Morelia.

Ejerció, como en su momento lo hicieron José Guadalupe PosadaLeopoldo Méndez y los artistas del Taller de Gráfica Popular, una gran influencia sobre otros movimientos artísticos. Un ejemplo de ello, es el Grupo Espartaco de Argentina, y el Museo del Dibujo y la Ilustración de Buenos Aires atesora una importante colección de sus obras de estos artistas, algunos de los cuales fueron expuestos en la muestra "Resistencia y Rebeldía", realizada en el año 2008 en el Centro de la Cooperación.

Además del Museo de Arte de la Ciudad de México, cuentan con algunas de sus obras el Metropolitan Museum en Nueva York, EE. UU.; el Museo Nacional de Estocolmo, en Suecia; y el Museo Nacional de Varsovia, en Polonia.

Falleció una semana después de celebrar su 95 cumpleaños, la tarde del 19 de enero de 2003, de una insuficiencia cardíaca, en su casa de Morelia, Michoacán. En 1979 el gobierno de Michoacán creó el Premio de Artes Plásticas Alfredo Zalce como un homenaje a tan destacado artista pazcuarense.

 

Uno de sus colaboradores más reconocidos fue sin duda en la platería Ciro Olivos, oriundo de Tacambaro, Michoacán, quien elaboró infinidad de piezas de joyería en plata de una belleza única, estas por obvias razones salían bajo la firma del maestro Zalce.

Actualmente la casa donde vivía el pintor michoacano está abierta al público como casa-taller, donde se imparten diversos talleres y se llevan a cabo actividades artísticas. El edificio ahora pertenece al Gobierno del Estado de Michoacán y la Secretaría de Cultura de Michoacán (SECUM).

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EXPOSICIONES:

La exposición, en 1934, de acuarelas y dibujos en la Italian Court of Chicago, Estados Unidos; la inclusión, en 1940, de algunas de sus obras en la exposición colectiva Veinte siglos de arte mexicano, del Museo de Arte Moderno de Nueva York, E.E.U.U., y la inclusión de su obra en la exposición colectiva que el Frente Nacional de Artes Plásticas presentó en Checoslovaquia, Polonia, República Democrática Alemana, la Unión Soviética, Bulgaria y la República Popular China durante 1945-1950.

La mayoría de su obra es albergada en Morelia, en el Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce y la Casa de la Cultura de Morelia; en Guanajuato, en el Museo del Pueblo de Guanajuato y el Museo Olga Costa y José Chávez Morado, y en la Ciudad de México, en la sala nacional del Museo del Palacio de Bellas Artes. Las obras artísticas de Alfredo Zalce se han incorporado a los acervos de importantes museos como el Metropolitan Museum of Art y el Museo de la Jolla de California, en Estados Unidos; el museo de Estocolmo en Suecia; el Museo de Varsovia en Polonia; el Museo Nacional de Sofía, en Bulgaria; y en los museos de Arte Moderno –INBA- y el Museo Nacional de Arte –INBA- en México.

A Alfredo Zalce la disciplina le dió la libertad total de hacer, de buscar, de experimentar y trabajar un tema sin acostarlo nunca. 

Era un buen conversador; sus bromas eran muy finas, como puñaladas a veces. Le molestaba mucho la tontería. Pintaba muy bien; así escultura, objetos de cerámica, joyería, cosas muy bellas; cocinaba. Todo eso está muy ligado, y la gente no sabe que una cosa te lleva otra y a otra. Cuando sientes ganas de crearte empiezas a ligar a muchas cosas diferentes. Es como una búsqueda. Dos objetos que haces acaban por tener vida propia. La obra es la que habla, no uno.

 

No puedes contar el tiempo con el reloj. Lo cuentas con los sentimientos. No importa cuántos años haya vivido Zalce, no llego a viejo porque se mantuvo fresco siempre, siempre trabajando. A veces te entra así: estás dormido y tienes que despertar porque se te ocurre una idea y no encuentras el lápiz, no encuentras la tinta, entonces aparece un carbón, y si no, dibujas en la misma pared para que no se te olvide, para recordar ese emoción y trabajarla después. Así le pasaba.

 

Zalce contaba que cuando era chiquito vivía en Tacubaya y su casa tenía un patio de mosaicos, uno negro junto a uno blanco; a él se le ocurrió una idea muy bonita: hacer un dibujo en cada mosaico blanco. Pero cuando su mamá vio eso lo regañó: “chamaco bueno para nada, ahora se tiene que volver a trapear el patio”. eso para la mamá era lo más importante. El hijo y sus sentimientos contaba un poco. Cuando llegó el papá, pues lo apaleó. A la vocación le ponían una cruz encima, eras el diablo.

 

No tenía muchos estudios pero era muy preparado. Su conversación versaba sobre libros. Eso te obligaba, aunque fueras pintor, a leer, porque si no no podías platicar. Leía a Thomas Mann, a Rafael Alberti, a Baudelaire, le encantaba “Muerte sin fin” de Gorostizq. Leía periódicos, pero sobre todo para mirar las imágenes, las fotos, las caricaturas.

 

No quería aplastar a nadie ni te decía que estabas en el error o en el paraíso.Era una conversación que se iba creando. Además lo portaba de una manera tan suya. Con buen humor para mí era un regalazo. Fíjate que cuando me preguntan cómo empecé, les digo que a barriendo en bellas artes; así era la cosa. Cuando Zalce tuvo una de las primeras retrospectivas en Bellas Artes le tuvo que pedir dinero prestado a José Chávez Morado a quien había podado “chambas morado” para comer ese día; te das cuenta de lo que significaba para su orgullo...

 

Zalce era distinto, se sabía invencible.Se podría derrumbar, tuvo una vida muy difícil, pero fue invencible. Conoció todos los dolores posibles ese es el problema de vivir mucho tiempo, pero la dicha de crear no se puede comparar con nada y esa la conoció y lo llevó a la perfección de su arte y de su persona.

 

Yo era más joven y los pintores de su generación me decía: tú nos llevas la contraria, no eres de nuestro grupo, tú eres diferente, eres un monstruo para nosotros. Yo les contestaba: ustedes están locos porque han vivido más del cuerpo y de las pasiones bonitas pero frágiles.

 

Ustedes les dan mucha importancia. Vivan de su cabeza, de lo que piensas cuando ven las cosas, de inmediato a ustedes, del mundo. Y eso fue lo que hizo Alfredo Zalce, mirar el mundo, mirar a su alrededor.

 

El mundo somos nosotros, todos los que habitamos, buenos, malos, regulares. Si el mundo va mal, es nuestra culpa.Si el arte va el mal, es nuestra culpa. Porque puteamos las cosas. Queremos abarcar demasiado, queremos ser como el emblema de algo, y no.

 

Hay que vivir las cosas con el trabajo; si haces un dibujo precioso, si haces un pequeño verso que sale muy bien, si haces una entrevista es para enaltecer la vida, para aportar algo. Y Zalce entendía eso y lo buscaba.El otro, o sea el mundo, era lo importante para él. El pelado que estaba ahí o el genio que estaba ahí, todo era importante. Pero a él le gustó más lo sencillo, porque así era él.

 

Desde muy joven salces había liberado de ese infierno que es la angustia, la obsesión de ser alguien. El hacía lo suyo y por eso ahora es alguien aunque no le gustaran los homenajes, los premios, los reconocimientos. Pero se los mereció.

 

Voy muy cercano a Xavier Villarrutia siempre los pintores buscando a los poetas. Como Octavio Paz y yo. Siempre hay una afinidad espiritual. También hicimos teatro. Los pintores hicimos muchos decorados y trajes para el teatro. 

 

Es una época maravillosa la de la fusión de las artes.

 

La pintura con la literatura, con los dramaturgos, con la danza. Decorados y vestidos para los ballets de Ana Mérida, la hija de Carlos, escenografías para Guillermina Bravo. 

 

Mira, todo lo que hizo Zalce, sus conversaciones, su obra, su carácter, era de una calidad extraordinaria, era real. Además no te quería cambiar a fuerza, no quería que fueras de otra manera.

 

Pienso que para una artista lo único que vale es la interacción y la profundidad con la que hace su trabajo. Hay que buscar continuamente dentro de uno mismo, porque nada mejor puede llegarnos de afuera. En el propio ser y en el propio espíritu está la fórmula de salvación para el artista. Solo la mirada interior cuenta.

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